lunes, 17 de diciembre de 2007

Tiempo de heroesmegos (VI)

Jordi Mases se sonaba cinco o seis veces en cada clase. Sacaba el pañuelo y se sonaba como bastante rotundo. Luego guardaba el pañuelo y a otra cosa. Que Mases se sonara siempre fue bastante normal. Uno tenía mocos y se sonaba. Punto. Y Mases siempre tenía mocos. No importaba el ruido, ni que por el ruido supiéramos si los mocos eran verdes o azules. A mí siempre me dio bastante asco y, por qué no decirlo, un poco de pena.
Los mocos de Vicente Ferrín eran como los de Mases pero más concentrados, algo así como el blandiblub. Ferrín era un debilucho, lo que se dice un mierda, pero una mañana sacó una jeringuilla, se la metió por la nariz y la cargó de mocos. Al principio jugó a matar orugas. Luego cayó en la cuenta de que tenía un arma y empezó a tirar contra nosotros. "Por tantos años de palizas", gritaba. Incluso yo, que le había currado poquísimo, acabé lleno de mocos. Escolá, que entendía de mutantes, dijo que no convenía acercarse a Ferrín, que no era normal que sus mocos tuvieran el poder de destruir orugas. Los profesores hablaron con Ferrín, pero no hubo nada que hacer. Siguió a lo suyo. Más o menos como Javier Llarch y los cristales. Hasta que Benito, que no estaba para mutantes ni muchas hostias, agarró a Ferrín y le destrozó el tabique a golpes de piedra. Después de aquello, Ferrín estuvo un tiempo sin meterse nada por la nariz. Ni la jeringuilla ni el boli ni el dedo. A Benito le castigaron. A Benito siempre le castigaban por peleón y violento, pero en el fondo Benito ahorraba mucho trabajo a los profes. Ese trabajo que los profes no hacían porque creían que lo mejor era hablar contigo, hablar con tus padres, organizar una asamblea y votar a mano alzada. Como si pudiera votarse a favor de un moco verde. Yo también creía que era mejor hablar a que te diesen una hostia. Lo que me jodía era que cuando el único remedio era la hostia, todo el mundo mirase a otro lado para que la hostia la diera Benito. Y cuando digo todo el mundo también hablo de mí, claro.

Herminio no era subnormal del todo. Herminio estaba en nuestro colegio pasando de curso sin saber juntar dos letras, pero no era subnormal. Con él se podía razonar un poco. A Herminio le podías decir: “Enséñame la polla, Herminio”. Y Herminio te la enseñaba. El problema de Herminio era que, si bien atendía la orden, con la contraorden tenía problemas. Así, cuando le decías “Herminio, guárdate la polla”, no hacía ni caso. Una vez que la había sacado, se paseaba patio arriba y patio abajo con la polla fuera. Escolá me dijo un día que lo de Herminio traería problemas. Escolá, como siempre, tuvo razón. A la vuelta de un verano, alguien le dijo a Herminio: “Herminio, enséñame la polla”. Y lo que enseñó no fue exactamente una polla. Fue un rábano peludo que, de pronto, se puso tieso. En los días que siguieron, algunos padres de tías se reunieron con los profes para hablar de Herminio. Lógicamente, tenían miedo por lo que pudiera pasarle a sus hijas. Los profes hablaron con Herminio. Le hablaron de sexo. Del hombre y de la mujer. Al día siguiente, Herminio agarró a Alejandro Fontanals y se frotó contra él. Del hombre y del hombre nadie le había dicho nada.

Ver Tiempo de heroesmegos (I) (II) (III) (IV) (V)

6 comentarios:

Tsevanrabtan dijo...

"Con él se podía razonar un poco. (...) si bien atendía la orden, con la contraorden tenía problemas (...)"

Ya sabemos que entiende usted por razonar.

Mercutio dijo...

Esta serie es tan buena que no la podrían joder ni haciendo la película.

Gracias, oiga.

veva dijo...

Esto va a acabar con un par de hostias de Benito a Herminio.

Birra dijo...

Poco a poco va creciendo la fauna. Ciertamente empiezo a creer que ha tenido una infancia cuanto menos, curiosa. O bien la fantasía y la ilustración comienzar a emerger por un instinto natural.

De todas formas, genial.

E.

viejo casale dijo...

genial.

Oncle Vània dijo...

Una infància com cal, la de Tiempos de heroesmegos...

I sí, signes d'interrogació sempre davant i darrere, joder.