lunes, 31 de diciembre de 2007






us falisito un bon añ 2008.          
Lola Albert Palou 

domingo, 30 de diciembre de 2007

Al entrar ha bebido un vermú. Luego, comiendo, algo de vino con gaseosa. No ha llegado a acabarse el segundo vaso. Ahora, mientras sorbe el carajillo, se vuelve y revuelve como un látigo para puntuar el gran suceso de su vida. A su lado, dos muletas. Ha debido atravesar el bar para pedir el carajillo y no las ha necesitado. En otro tiempo, la cojera fue sufrido bamboleo y antes aún, parálisis permanente. 

No vi al borracho. Lo vi, bueno, pero cuando lo tenía encima. Y hoy volvería a esquivarlo. Nada, di un volantazo para no llevármelo por delante y me empotré. Me dijeron que igual volvía a caminar pero estuve años paralizado de cintura para abajo. Paralizado y sin sensibilidad, claro, no me enteraba de nada. Y ahora, pues ya ves, me voy moviendo. Cojo, pero me voy moviendo. Y para ser feliz un ratito, un trago de vino y un carajillet. Y más feliz que Dios. Pero cojo. Pero feliz. [...] Los amigos se fueron. Yo era mecánico, un buen mecánico. Bueno, lo que yo era en realidad era ingeniero. Hacía trabajos de ingeniero. Hasta que se cruzó el borracho. Y lo volvería a esquivar, claro; no sé si por ética o porque me saldría así, pero lo esquivaría otra vez. Bueno, pues después del accidente tuve que dejar el trabajo y empecé a cobrar un subsidio, una mierda de subsidio. Se acabó el estatus y se fueron los amigos y se fue yendo todo el mundo. Me quedé más solo que la una. Solo y quieto parao. Y sin amigos. Hubo días chungos, muy chungos. Pero te vas armando, vas levantando la cabeza. Luego recobré un poco de sensibilidad y después empecé a caminar. Y voy haciendo. El borracho salió del hospital al día siguiente. Una  gran borrachera y un rasguño, ya está. Andando por la carretera en contra dirección y cantando, hay que ser hijo de puta. Pero te voy a decir una cosa: no sé quién estará mejor; ahora, quiero decir, doce años después, no sé quién estará mejor: si el borracho o yo. 


"Yo creo que la obsesión por el peligro de una supuesta agresividad homosexual es una fantasía de heterosexuales problemáticos o una reacción de personas con un componente religioso y moral muy fuerte que reaccionan ante lo que consideran una conducta contra natura. Hablo de las relaciones entre adultos, claro está. Los menores son siempre otro problema, pero eso al margen del sexo que elige y del sexo elegido. No habría que mezclar, aunque muchos las mezclen, edades y tendencias. No sólo por injusto, sino por estúpido."

La ciudad que fue. Barcelona, años 70. FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS


-¿Y su fiebre?
-A mejor, vecino, a mejor.
-Le noto melancólico.
-Cuestión de temperamento. 
-¡Quite, quite...! Recuerdo que, al inicio de este viaje, un comentarista dejó una receta contra la melancolía.
-¿Contra la melancolía?
-"Tangalanga".
-Sí, sí, ahora caigo. Pero no fue contra la melancolía, sino contra el guerracivilismo. 
-Una forma de melancolía, ¿no le parece? 
-En eso lleva razón.
-Que pase, entonces, el Dr. Tangalanga.

sábado, 29 de diciembre de 2007

¡Soberanistas unidos, revueltos, embrutecidos!  Ignoran que el único sentido de su hermanamiento es España. Y pretenden deshacerla para hacerla de nuevo. No hay dinero que explique semejante patetismo.


En la cesta navideña de Babelia sólo hay un libro escrito originalmente en catalán. Uno e indiscutible. Dado el estado general de la cultura catalana, el autor no estuvo en Alemania. Dado el estado general de la cultura española, la obra carece de traducción al español. 


A esta institución correccional no le preocupa tanto la gimnasia de la niña magrebí cuanto la existencia de carnicerías magrebíes, de carniceros magrebíes y aun de clientes magrebíes. No hay más que ver el esmerado rótulo del comercio y la despiadada, pútrida maquetación del diario. 

viernes, 28 de diciembre de 2007

Un resto de los versos delicados y bisílabos que Enric Cassasses sirviera en el Resolís en 1998. Por entonces, el laureado ignoraba que escribía un blog. La crítica amarillea en la pared del bar,  justo enfrente de la cabeza de jabalí. Joaquín dizque me mostrará un ejemplar. Un ejemplar dedicado, asegura orgullosamente. Retomar Plaça Raspall en el instante en que cesó la murga. Uno de los puntales del bar. Un taxista de noche que hace como aquel que..

Un dels
puntals
del bar
és un
taxista
de nit
que fa com
aquell
exsa-
bater
que feia
del vi
substància i
del pa o-
bligat
pretext,
també
fa el boig
però
no ho és,
tampoc.
El boig
feliç
no sol
fer gaire
el boig
i sap
travar
conversa amb
tothom,
que tant
li fa
del coll
que siguin,
no l'he
vist mai
aco-
quinat,
geme-
gant sí:
somia
com un
nen cada
vegada
que el nas
s'esclafa a
la porta
de vidre
o sempre
que un dit
s'enganxa a
la porta.


O dius
les co-
ses pel
seu nom
o dius
al pa
pa i al
vi vi.

jueves, 27 de diciembre de 2007

(A J.C., comensal tarraco)

El pasado viernes, y tras varios días de glorias y afanes, de trabajos y festivales escolares, de fiestas tardías y amaneceres únicos; el pasado viernes, decía, un lance inoportuno me impidió acudir a una cita que prometía zambra y efusión. A la una, rendido al cansancio y a mi circunstancia, me arrastré a la cama y soñé, como todas las noches, que Anfield coreaba mis regates y me juraba eterna lealtad. En el instante en que le devolvía el aplauso a la grada, sonó el móvil. No llegué a tiempo mas llamé al contestador por si había recado. Lo había, en efecto. La voz oruja de J. reclamaba mi presencia en una célebre marisquería barcelonesa. Eran ya las tres y veintitrés y el marisco, al parecer, seguía allí. Para J., sin embargo, eran todavía las tres y veintitrés. Han transcurrido seis días del suceso. De cuando en cuando, conecto el mensaje al amplificador y me doy un baño de ternura. J., con su halo burgués a cuestas, me tilda justamente de media nena e impresentable. Al fondo, estalla nítidamente la risa de Don E. J. balbucea un reto y lo sostiene en la punta de la lengua. 

miércoles, 26 de diciembre de 2007

"El Papa Benedicto XVI ciñe la representación del belén en el Vaticano al relato de los hechos según la Biblia." Esta frase, labrada a cincel en El País en un memorable ejercicio de funambulismo, describe la naturaleza exacta de la religión cual bodegón desmayado e ilusorio. El Papa, y nada menos que el de Roma, da en emplearse a fondo para forzar la representación de la representación en la forma como está representada. El molde "según" de un relato en que los pastorcillos y la burra son cruciales para dotar de sentido a la realidad. Si tuviera a mi alcance a Ratzinger, si aceptara mi invitación a mi querida playa esta playa mía esta playa nuestra, le rogaría, no sin antes destocarme, que se ciñera a los hechos en lugar de "al relato de los hechos según la Biblia". Que recule de una vez el funámbulo; incluso al precio de que progrese la humanidad. 

-Dígame, De Paco, "labrada a cincel" y "abatida a tiros", ¿son la misma clase de pleonasmo?
-La tigresa. Bien visto, vecino. Me destoco también ante usted.
-"Abatida." Fíjese en que el mismo verbo mata a tigres y personas. 
-Cierto.
-¿Y no le parece inmoral?
-No. El verbo atiende, sobre todo, a la elección de un bando.
-Un toro abatido...
-Jamás leerá esas palabras.
-Luego, ¿en los toros no hay bando ni partido?
-En los toros hay bando y aun partido, pero sobre todo, y antes que bando o partido, hay un orden del mundo.
-Vuelvo a la mesa.


En este barrio amnésico de sifón, en este vergel antifascista de sangre inmaculada, la gitanería se recoge sin aspavientos festivos. La Navidad, con sus pavos y guirnaldas y drogas, es una praxis impuesta por el yugo opresor de la payería que conviene refutar o, cuando menos, apaciguar. El tiempo de los grandes patriarcas, el gran advenimiento del paraíso de Dios, está a a la vuelta de la esquina; mientras tanto, y para saciar el hambre y la sed, nos bastan el Resolís y un poco de gaseosa. Sobre la barra descansa un jilguero enjaulado. La cría y trasiego de pajarillos acaso evoque el porvenir edénico, el siglo en que, al fin, el aire sólo lleve trinos, salmos y canciones de amor. En este barrio amnésico de billares y cocaína no hay un solo comercio donde comprarse el cuadernillo y los buenos zapatos que exigiera Chejov. San Esteban, sin menoscabo del criterio divino, ha decretado el triunfo de los portales paquistaníes y los blogs de alterne. Este erial de adolescentes y vagos debe tolerar, y de hecho tolerará, el paseo imperial de Maite y Falete, fingidores profesionales del desgarro.

martes, 25 de diciembre de 2007

En la plaza del Raspall hay un hogar de acogida para jóvenes del Este. Según veo y me cuentan, provienen de lugares no recomendables. Leves infiernos de acero, manele y carpa enfangada. No mantienen ningún tipo de relación con el resto de los vecinos, de ahí que nadie en estas calles esté autorizado a gritar "aspereza", "hosquedad", "mirada encontradiza". Al amanecer deambulan por la plaza como esperando nada. En ocasiones se retan y golpean y hieren por un cigarro, por unos zapatos. Apestan a melancolía y no suelen tener prisa en limpiarse la mierda y la sangre. Ayer, mientras comía pacientemente en el Resolís, un muchacho corpulento salió a la caza, ladrillo en mano, de un gitano adolescente. La carrera fue seguida por los parroquianos con expectación y angustia. Al cabo, cinco individuos tomaron garrotes en el asunto y salieron a acorralar al gigantón y a otros dos perseguidores. El toma y daca, gallardo y pinturero, se extinguió sin daños personales. Durante la media hora que siguió al conato, la palabra "chusma" anduvo rebotando de pared en pared. Hasta que Joaquín la atrapó al vuelo y mandó a parar.

-¿Dónde come, vecino?
-No tenía planes.
-En casa de mi madre sirven un magnífico cocido. 
-Está usted de un gentil que asusta. 
-Ingrato.
-Feliz Navidad.

A R., Oriol, Emilio, Papafrita, Sisa, Tse, Viejo Casale, Veva, Mercutio, Birra, Jaime, Oncle Vània, Brazil, Verónica y demás bañistas de la playa Libre... ¡Feliz Navidad!

-Olvida usted a alguien, De Paco.
-¡La invitada alicantina!
-Ingrato.
-Feliz Navidad.

lunes, 24 de diciembre de 2007

-De Paco.
-¡Vecino!
-¿Y esa chica?
-Fuera.
-¿Dónde?
-En Benidorm.
-No llore.
-No, si es el humo de la fritanga. Dígame, vecino: ¿Le apetece pasar la nochebuena conmigo? La primera parada será en la playa Libre. Así navideaba hace diez años.
-Dígame, ¿cómo se llama?
-Magela.


-Su amigo, ¿no es del Atleti?
-Mi amigo, sobre todo, es un hombre sin atributos; el más cierto en horas inciertas.

domingo, 23 de diciembre de 2007

"Un taxista gana más dinero que una pintora. Me lo ha dicho una amiga: una pintora no gana más de uno o dos euros." Ante la aciaga creencia de Lola Jopeta respecto a la ingratitud de retratar tiburones blancos, se me ocurrió que visitáramos la sala Parés, que celebra estos días su 130 aniversario. Pretendía que supiera de la existencia de zocos en que los cuadros se compran y se venden. Al diablo con la mística ultraterrena del museo-mausoleo colegial, esos ataúdes que bien pudieran mostrarse vacíos, exentos de bufonadas abstractas. No. Las circunstancias (preocupantemente castradoras) requerían una sobredosis de realidad; taxímetro sobre lienzo y madera. ¡Invoquemos a Amat, Grau, Mompou, Pruna! ¡Acudan ante mí Gabino Rey y Perico Pastor! ¡Y acudan, sobre todo, con su cotización! En el atrio, la gran Barcelona postolímpica se mostraba extrañamante lacia y nocturna. Un nuevo estrato urbano, de piedras que yo mismo he levantado fieramente cual madera en los muelles, se hacía verbo y óleo.
-Són esquitxades, només és pintura esquitxada.
-Allunya't, veuràs una vista de Barcelona a vol d'ocell. És un quadre emocionant, filla.
-Ara, ara... Deixa'm mirar les esquitxades.
Por un momento, creí que el monocultivo escolar de Tàpies había hecho estragos (¡proverbial educación!: el padre, liberado de reescribir la nadería de la nube y la silla, la pedantería aborrecible del esputo aleatorio). No obstante, erré de nuevo en el cálculo de probabilidades y, aún este mediodía, celebraba humildemente la derrota. El último cuadro del corredor, una tupida red de majaderías, se prestaba a la sutileza "cahier" o el desprecio (que, contrariando al refranero, exige cierta vehemencia). Asomada al abismo, la joven aprendiz de pintora calibraba su audacia.
-¡Guixots! Si t'apropes, guixots. Si t'allunyes, guixots.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Tiempo de heroesmegos (VII)

El viernes que Salvadó se lesionó no vi el 1-2-3. Salvadó era mejor extremo que yo; él era el titular y yo vivía a su sombra. Si se dolía, salía yo. Si gemía, salía yo. Ahora, con Salvadó lastimado, al día siguiente yo sería el titular y estaba preocupado: había estúpidos que no pasarían por alto un error mío. Por eso no vi el 1-2-3. Para mi sorpresa, no me fue mal. Sin la presencia de Salvadó, sin su mirada capulla, jugué mi mejor fútbol. Era menos rápido que él, era menos que él en casi todo, pero el fútbol, al cabo, siempre te reserva un lance. A mí el fútbol me reservó el contraataque: Marín la recuperaba a machetazos y yo doblaba en zigzag por la izquierda. Aquel día en que faltó Salvadó las cosas me salieron tan bien que se planteó un debate: ¿Salvadó o Jose? Para mí no había color; el titular debía ser Salvadó. Él jugaba como yo quería jugar: flirteando, amagando, quiebro que te va, cómetela, me voy, vuelvo, engatillo… El extremo, en fin, era él. Yo era de otra pasta. Digamos que mi principal virtud era que sabía desdoblarme en espectador. A mí ningún padre tenía que decirme “aquí”, “allá”: veía los desmarques tres segundos antes que ellos. Por eso no me criticaban a pesar de mis carencias. Carencias, digo, y mucho habría que hablar. Hubo un día en que jugamos contra el Verdaguer y le piqué a Castells un desmarque. Llovía. Una cancha de charcos. Castells fingió un chute y me la puso en largo. El defensa salió a barrerme y se tragó la escoba. Luego vino el gordo del portero, que fue con todo. El gordo patinó y me vi fuera de su alcance, trotando en el agua. Llegado a la portería, la empujé con los ojos cerrados, salpicados por la lluvia. El gol más bonito de mi vida no lo vi.
Cuando Salvadó se repuso, él fue el titular. Sin embargo, ya no fue el mismo. A cada traspié, miraba hacia el banquillo preocupado. Él, que nunca intentó recuperar una bola, empezó a chocar contra todas las defensas. No importaba que fuéramos ganando por goleada: apretaba la mandíbula y se creía yo qué sé. Al poco lo quitaron: para apretar la mandíbula no hacía falta un genio.

La cancha de baloncesto. Nadie sabía por qué, pero en el patio en lugar de cancha de fútbol teníamos cancha de baloncesto (por eso jugábamos en el fonoaudiológico). De hecho, todos los colegios a los que íbamos a jugar tenían cancha de baloncesto. Todos salvo los colegios de quillos, que tenían cancha de fútbol. Un día vi a un entrenador de baloncesto en la tele. Decía que el baloncesto tenía que promocionarse más en los colegios, que había que poner más canastas. Nosotros utilizábamos las canastas para jugar al palo. El palo consistía en jugar al fútbol pero en lugar de con porterías, con el palo de la canasta. Ganaba el equipo que más veces acertaba. El palo admitía el uno contra uno. Dos jugadores, uno contra otro, chutando desde el fondo de la pista al palo contrario. Gracias al palo, en nuestro colegio sobresalieron estupendos lanzadores de falta, tipos como Juanan o como Sanginés, que te clavaban una escuadra casi sin querer. Eso fue todo lo que aportó el baloncesto. Bueno, eso y un poco de confusión. Hubo quien, como mi amigo Daniel Blanco, siguió chutando al palo cuando, alguna que otra vez, nos ponían porterías reglamentarias de esas de quita y pon. “Es mejor un buen poste que un buen gol”, decía. Otra cosa que decía: “Sólo me interesan el fútbol y los estudios. Bueno, y mi padre y el Partido Comunista. Cualquier día viviremos todos en una comuna".
El único que jugaba al baloncesto era Viader, un tallo de metro noventa que se pasaba las horas de patio tirando a la cesta con una pelota de fútbol. Más de una vez le dijimos que si quería jugar a fútbol. Siempre nos dijo que no, que el fútbol era una mierda. Un día, después de haber visto por televisión el torneo de Navidad, le dije a Viader que a mí el baloncesto me gustaba un poco y que Corbalán era una buena persona. Me respondió que Corbalán era un patán con cabeza de buque y que, en general, el Madrid le daba bastante asco. Yo me ofendí por aquel tono de gilipollas y le dije que me importaba una mierda lo que pensara del Madrid, que si hablaba con él era porque me daba lástima.

Tiempo de heroesmegos (I) (II) (III) (IV) (V) (VI) (VII)

viernes, 21 de diciembre de 2007

El rumbero sale de mañana camino del juzgado de familia para apañar unos flecos del contrato postmatrimonial. Su ex mujer, tras un amable intercambio de saludos, le da la mochila de Shin Chan de las hijas. Contiene el equipo de educación física de la mayor y el avío de natación de la menor. El rumbero sale de la corte alfombrada con El Mundo bajo el brazo y la mochila al hombro. Le aguardan una gestión amigable en Hostafranchs y un almuerzo furtivo en Travesera de Gracia. Para regocijo de público y paseantes, acude a ambos encuentros cosido a Pedro Jota y Shin Chan. El rumbero regresa a casa a eso de las tres y media, deja unas notas en el jardín y parte hacia la parada del autocar. Recoge a sus hijas y la tarde transcurre entre arrumacos y generalísimos ensayos. Las niñas duermen esa noche en casa de la abuela, por lo que el rumbero dispone una ruta lectora que transita por Jiménez Losantos y, tal vez, Caballero Bonald. Shin Chan sigue donde suele: ora en su hombro, ora en el salón-recibidor. Después de acolchar el duermevela de la menor, después de colmarla de bendiciones, confía a su hermano (rehecho en orgulloso tío) el cuidado de la mayor. Al día siguiente sabrá que han estado viendo Los Simpson hasta más allá de las nueve y media, mas ahora sale de casa con el diario y la mochila, inexplicablemente adheridos a su piel. Acaso carga con Shin Chan por la éxtima necesidad de blindarse. Lo del diario es más preocupante: es un cadáver en descomposición y apenas sirve para asomarse a columnistas en descomposición. En el metro, persiste el empeño de los usuarios en razonar la dupla Pedro Jota-Shin Chan... El rumbero, consciente de que se haya bajo el foco, se cree una suerte de trendy men. Al llegar a casa, se desprende de ambos objetos como las sanguijuelas se desprendían de Stallone. Recuerda entonces que Ginés le había invitado a un guateque minimalista y, pese a una leve renuencia moral, el dique acaba cediendo. A ello contribuye decisivamente el apremio de dos mujeres. El rumbero, además, sabe que cierto escritor ha ordenado su presencia y eso le infunde el valor necesario para cruzar la Diagonal.
Durante el convite (y los flecos, ah, del convite; santa simetría), echa de menos alguno de sus artefactos. Sobre todo, a qué engañarse, la mochila. Gravemente convencido de su condición de superhéroe, vuelve a casa, agarra del brazo a Shin Chan y juntos atraviesan la noche. El rumbero Chan aligera el paso y, llegado al norte de la ciudad, frente a la clínica donde naciera su ahijada, entrevé su primer envite para el restablecimiento del orden y la ley. Debe ayudar a una joven a cargar el lote de Navidad y jura ante Dios no escatimar esfuerzos.

jueves, 20 de diciembre de 2007

29

Durante la cena, dos mujeres departían tenísticamente sobre el transporte en España. Ni que decir tiene que la ministra Álvarez no habría elaborado un diagnóstico tan apasionado y veraz sobre el trasiego de la paquetería por tierra, mar y aire. Por un instante, me sonreí imaginando a un locutor de TV3, la costra, declamando, pavoroso y metafísico, cierta información relativa al "aire del Estado Español". Llovían navajas, perros y vino blanco. Cito de memoria:

Un estadounidense se sorprendió gratamente al comprobar que su perro, al que había facturado ya cadáver en el aeropuerto de origen, había vuelto a la vida tras aterrizar en Barajas. Al parecer, la compañía aérea encargada del cuidado de la mercancía creyó que el can había fallecido debido a la incuria de sus empleados. La solución de revivirlo, más drástica que la muerte misma, constituye un hito del bestiario logístico y anda de bozal en bozal por la toda T-4. ¡Comprad un perro idéntico y metedlo en la jaula! 

Es probable que la historia sea un malentendido. Debí preguntarme cómo se factura el cadáver de una mascota en un aeropuerto estadounidense. Debí recordar, asimismo, la reglamentación ibérica, que sólo menta a los vivos. O despedazar en la mesa una vaca loca e inventariar mil alarmas aviares. Sin embargo, no lo hice: me abandoné a la leyenda urbana y, sobre todo, a la risa emocionada y contagiosa del cielo de Madrid. (Por otro lado, no cabe descartar que, al igual que me ocurriera en otra latitud hace unas semanas, no anduviera fino de oído. Que no hubiera "perro" ni "cadáver" ni siquiera "zombi". Y todo fuera una feliz mascletá; tan respetable como cualquier otro luto.)


Laura debía balbucear una frase en la función navideña de esta tarde. Dada su orgullosa querencia a la timidez, ha sido la única actriz de la compañía que, llegado el turno, no ha abierto la boca. Antes de salir del aula, y abrazada a su padre como un koala, ha recuperado el habla. "¿Em dónes un sugus?"

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Querido Jose:

Me alegro un montón de leerte y de saber que estás bien. O eso parece vaya ¡menudo sorpresón! El Topo De Paco. (Topo, ya ves que me acuerdo de tu apodo) escribiendo del cole. Te fiché por el google de casualidad y estoy siguiendo lo de los heroesmegos y riéndome mucho (no me acuerdo de que jugáramos con esos heroesmegos, pero bueno, si tú lo dices) y me voy a permitir algunas precisiones. No te molestes, eh, para nada te molestes, si las quieres utilizar las utilizas y si no, a tu rollo, pero vaya, es por echarte un cable. La jeringa no pertenecia a Vicente Ferrín. Creo que confundes a Ferrín con Farré. Te lo digo porqué, además, tengo la imagen de Farré con esa jeringa como bastante fresca. Con lo de las orugaa (¡vaya plaga teníamos!) me he reído un montón. Sí, sí, esa jeringa se utilizó para exterminar orugas. Lo del tabique de Ferrín, claro, también es incierto. Hubo una agresión y a alguien le partieron la nariz a pedradas, pero el agresor no fue Benito ni el agredido fue Ferrín. De eso estoy seguro porque la nariz me la partieron a mí. No me acuerdo del nombre del que me la partió, pero no iba a nuestro curso sino a uno mayor. Ya me saldrá, era del curso del hermano mayor del Fornaguera, de la basca del One, del Vaigmadella, del Nebot, etc.... Comparto la filosofía de que Benito se enzarzaba en peleas y era medio rebelde o muy rebelde y que no siempre fue tratado con justicia, pero te confundes de castigo, seguro. ¿Que podría decir más?. Bueno, recuerdo que el Ferrín era un chaval supercorrecto, así que por eso no me acaba de cuadrar lo de que hiciera lo de la jeringa. No es que no me acabe de cuadrar, es que no hizo nada con la jeringa, pero nada. Su padre trabajaba de portero o de vigilante en el palacete Albéniz, creo que tú también habías ido alguna tarde a merendar a su chalet. Y hablando de porteros: te recuerdo que el portero del cole se llamaba Alfonso y le llamábamos Melonsio. Hablas de las fiestas de Mónica y Sonia, eran fiestas que estaban muy bien. Tú también te prodigabas en las fiestas de cumpleaños. He leído en otra entrada que de mayor las seguías montando. Imagino que sin nocilla y sin pastel, claro :-). Por cierto, las dos, Sonia y Mónica, eran guapas. Laura estaba más buena pero Sonia y Mónica eran más guapas. A mí siempre me gustó más la Sonia, pero las dos eran guapísimas. La Sonia tenía un hermano que se llamaba David y le llamaban Davito o a veces Vito directamente. Creo, vaya, no me hagas mucho caso. Lo digo por si te ayuda a recordar algo. También eran muy amigas. Ellas dos, digo, la Sonia y la Mónica siempre iban juntas. Hablas de Castells. Castells fantaseaba un poco, pero de ahí a llamarle mentiroso va un trecho. Por cierto, Castells y tú os llevábais bien, ¿no? En general, todos nos llevábamos muy bien. Y todos fantaseábamos un poco. Los capítulos en que interviene Escolá están bien. ¿Cómo no íbamos a acordarnos de su inteligencia supina? Escolá tenía una gran influencia sobre todos nosotros y empatizaba con todo el mundo. Le molaban mucho los Police. De hecho, yo supe de The Police por Escolá. Y lo de Llarch y los proyectiles también está muy bien. No sé si recordarás que, cuando había fútbol en el patio, antes de que chutara, siempre decíamos “ay que la penja, ay que la penja”, por lo de que a veces la colgaba en los árboles o si jugábamos en el bosquet la enviaba fuera del cole. Llarch, de todas maneras, era un crack en manualidades. La asignatura de dibujo técnico, con los dichosos rotrings que se te corrían a cada momento, se le daba muy bien. Bueno, de hecho era el mejor con diferencia. Y Jordi Mases, el Máses, era la mejor persona que habia en clase con diferencia. No había mejor gente que el Máses. Te ayudaba en todo lo que podía y más. Su padre era taxista. De eso estoy seguro. Bueno, a Escolá no le iba la zaga, porque el Máses también tenía notas muy altas, sobre todo en mates. En mates era un hacha. Y tú mismo también sacabas buenas notas ¿O no?. Creo, vaya, que sacabas “sobres” (insu, sufi, bien, notable y sobre, ja). Bueno, ya te iré escribiendo, escríbeme tu tambien si quieres. Y si te va bien, llamame y tomamos algo. ¿Sigues viendo a alguien? Supe algo de una cena pero hace ya como cuatro o cinco años, pero bueno fue una cena a la que no fui. Bueno que ha sido un punto y que me alegro de que estés bien. Si quieres colgar la carta en tu web, que veo que cuelgas cosas de otros la cuelgas (no me importa), pero si la cuelgas no pongas mi nombre, te lo ruego.

(Ah, en lo de Herminio has puesto a Fontanals pero podrías haber puesto a cualquiera; Herminio se abalanzó sobre muchos.)


Un fuerte abrazo,

martes, 18 de diciembre de 2007

Frase 1
adeu bentura somrien.

Frase 2
jo li e fet un pastis de xocolata.

Frase 3
¿que no li agradan als nostras ragals?

La ortografía natural por que se batía el cobre, en el chalecito de la Autónoma, Iván Tubau. El orgulloso desprecio por la vocal neutra; la interrogación que, en lógica simetría, clama por un signo de apertura; la "h" abolida por el sentido común. Así, sin apenas contradicciones entre signo y sonido, se oirán mañana las tres frases de mi hija Lola en la función de Navidad. Tres frases. Laia, su mejor amiga, sólo tiene una. Y Joel, cuatro. El vago recuerdo de una época en que, ya fuera en el teatro o en la vida, acaso era más relevante tener frase que tener pancarta.


Un blog es, las más de las veces, el vano intento de que la vida se asemeje a un puzzle irresuelto. No habría que poner un solo pie en el fangoso debate sobre quién es de veras el responsable intelectual de la escritura blogger. Por eso me hundo hasta la cintura. Plantearse, a estas alturas del siglo, si la autora del blog es mi hija Lola, que esta tarde ha tecleado esas frases, equivale a interrogarse sobre la posibilidad de que el cocinero deba postrarse ante el ingrediente. Hay varios estrellados michelin, por cierto (y una patética estrellada), que suelen vociferar que ellos no han matado a nadie, que el culpable es el producto. En tales casos, no queda sino invocar el dicho de que el éxito es producto (¡producto, claro!) de un malentendido.
Hoy, El Mundo decía que la dirección de Izquierda Unida "purgaba" a la disidencia. Purga. Apartamiento, juicio, asesinato, exterminio. Dado que tengo la mirada sucia, presiento el bravo encuentro entre la derecha y el verbo "gasear". Al fin y al cabo, "gasear" es tan sólo un meandro del río "excluir". 
La fricción sedosa, el puzzle irresuelto exigía (y la exigencia no podía aguardar a mañana) esta fabulosa estampilla navideña de los tiempos del cólera y la purga. Para saber qué gritamos cuando gritamos fuego.

(Gentileza de Víctor Lacarta)


lunes, 17 de diciembre de 2007

Tiempo de heroesmegos (VI)

Jordi Mases se sonaba cinco o seis veces en cada clase. Sacaba el pañuelo y se sonaba como bastante rotundo. Luego guardaba el pañuelo y a otra cosa. Que Mases se sonara siempre fue bastante normal. Uno tenía mocos y se sonaba. Punto. Y Mases siempre tenía mocos. No importaba el ruido, ni que por el ruido supiéramos si los mocos eran verdes o azules. A mí siempre me dio bastante asco y, por qué no decirlo, un poco de pena.
Los mocos de Vicente Ferrín eran como los de Mases pero más concentrados, algo así como el blandiblub. Ferrín era un debilucho, lo que se dice un mierda, pero una mañana sacó una jeringuilla, se la metió por la nariz y la cargó de mocos. Al principio jugó a matar orugas. Luego cayó en la cuenta de que tenía un arma y empezó a tirar contra nosotros. "Por tantos años de palizas", gritaba. Incluso yo, que le había currado poquísimo, acabé lleno de mocos. Escolá, que entendía de mutantes, dijo que no convenía acercarse a Ferrín, que no era normal que sus mocos tuvieran el poder de destruir orugas. Los profesores hablaron con Ferrín, pero no hubo nada que hacer. Siguió a lo suyo. Más o menos como Javier Llarch y los cristales. Hasta que Benito, que no estaba para mutantes ni muchas hostias, agarró a Ferrín y le destrozó el tabique a golpes de piedra. Después de aquello, Ferrín estuvo un tiempo sin meterse nada por la nariz. Ni la jeringuilla ni el boli ni el dedo. A Benito le castigaron. A Benito siempre le castigaban por peleón y violento, pero en el fondo Benito ahorraba mucho trabajo a los profes. Ese trabajo que los profes no hacían porque creían que lo mejor era hablar contigo, hablar con tus padres, organizar una asamblea y votar a mano alzada. Como si pudiera votarse a favor de un moco verde. Yo también creía que era mejor hablar a que te diesen una hostia. Lo que me jodía era que cuando el único remedio era la hostia, todo el mundo mirase a otro lado para que la hostia la diera Benito. Y cuando digo todo el mundo también hablo de mí, claro.

Herminio no era subnormal del todo. Herminio estaba en nuestro colegio pasando de curso sin saber juntar dos letras, pero no era subnormal. Con él se podía razonar un poco. A Herminio le podías decir: “Enséñame la polla, Herminio”. Y Herminio te la enseñaba. El problema de Herminio era que, si bien atendía la orden, con la contraorden tenía problemas. Así, cuando le decías “Herminio, guárdate la polla”, no hacía ni caso. Una vez que la había sacado, se paseaba patio arriba y patio abajo con la polla fuera. Escolá me dijo un día que lo de Herminio traería problemas. Escolá, como siempre, tuvo razón. A la vuelta de un verano, alguien le dijo a Herminio: “Herminio, enséñame la polla”. Y lo que enseñó no fue exactamente una polla. Fue un rábano peludo que, de pronto, se puso tieso. En los días que siguieron, algunos padres de tías se reunieron con los profes para hablar de Herminio. Lógicamente, tenían miedo por lo que pudiera pasarle a sus hijas. Los profes hablaron con Herminio. Le hablaron de sexo. Del hombre y de la mujer. Al día siguiente, Herminio agarró a Alejandro Fontanals y se frotó contra él. Del hombre y del hombre nadie le había dicho nada.

Ver Tiempo de heroesmegos (I) (II) (III) (IV) (V)

domingo, 16 de diciembre de 2007

-¿Lo de mis padres? Llegará el momento en que los traiga a Barcelona.
-¿A una residencia?
-No, no, a mi casa. He llegado a un acuerdo con R.
-Llegar a un acuerdo, cualquiera que sea el acuerdo, es un alto grado de civilización.
-¿Cualquiera que sea el acuerdo?
-Es domingo.
-Si algún día se fraguara una historia de la civilización y sus acuerdos, yo mismo podría redactarla. Por algo soy británico.
-Yo, por aquello de los hooligans y los destripadores, me encargaría de los pies de página. Por algo soy español.

(El prestigio de la liga inglesa es infundado. El Liverpool, por ejemplo, no puede sino apelar a la ansiedad y el desconcierto, al trazo fortuito y la vaga inspiración de Torres. No hay el menor síntoma de elaboración retórica. Tratan de emboscar a su presa y le muerden la yugular a destiempo. Malamente. Ruge The Kop y me estremezco.)

-Dime, ¿sabes algo de las residencias?
-Mi bisabuela Teresa; la bisabuela, en fin, de mi ex, estuvo en una lustrosa residencia antes de morir. Una mujer estupenda, Teresa: siempre pedía solomillo y helado de vainilla. 
-Y en la residencia, ¿estuvo bien?
-No. Se resignó a estar. Un día me dijo algo así como que cualquier residencia era la antesala de la muerte y que, por ello mismo, ninguna era digna de su hospedaje. 
-Toda espera es indigna, ciertamente.
-Nos parece indigna la espera del dentista, la de la discoteca, la del sueldo. "Imagínate", me dijo, "la espera de la muerte".

(El Manchester no se hace con la manija del partido; le bastan la demagogia de Ferdinand y dos o tres tarascadas. ¡Marca Tévez! Hay cincuenta personas en el bar. Un joven se levanta, como se levantaban las columnas de Palmira, y dice: "¡Come on!". Another one, please. La grada no cesa de intimidar al equipo visitante. Ruido y furia. Eso es todo. Cesa el canturreo.)

-¿Otra cerveza?
-No, no. Me estoy fijando en la retransmisión. Las de Canal + suelen ser nerviosas e injustificadas. Ya sabes: entrevista al recogepelotas pajillero, al presidente semiinfartado, a la promesa amorfa, a la abuela del Betis. ¡Ah, y la música de Terminator! Y el cubata del antepalco y el lóbrego comentarista que, en diez años, tan sólo ha parido una imagen: "¡El Madrid persigue sombras!". Una imagen,  por cierto, que sólo aplica al Madrid. 
-¿Otra cerveza?
-La de Sky, en cambio, es sosegada. Dime, cuando se enfrentan el Reading y el Forest, ¿también es así? ¿O entonces hay vinagreta de mostaza?
-A quién le importa un Reading-Forest.
-¡Genial! Me recuerda a un comentario del viejo Segurola. En un chat de El País, un incauto le preguntó, que manda lo que tiene que mandar, si el tercer portero de la selección debía ser Aranzábal o Idiazábal o Aranzubiri. Respuesta de Segurola: "¿Y que más da el tercer portero, no le parece?".
-0-1. ¿Otra cerveza?
-¿Perdió el Liverpool? Doble de mística. 



-¡De Paco!
-Diga, vecino.
-¡Encontré a la invitada alicantina!
-¿Dónde?
-A pocos metros de la orilla, sanando a una ballena blanca.
-¡Bravo! Yo encontré la barandilla.
-¿Dónde?
-En el barrio chino, mientras me bebía un mojito espectacular.
-¡Joder con el tsunami!
-Azúcar, menta, zumo de limón, ron, angostura, sifón...
-Mmm...
-Las formas, vecino, las formas.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Todavía no me he repuesto del susto pero tal vez sea mejor escribir así, machete en mano. Es cierto que las descripciones adquieren un vuelo parapéntico que no conviene a la realidad; tanto como que la indignación es el mejor combustible literario y el estilo del mundo suele ser, las más de las veces, un asunto de octanaje. Volumen I. Resignado (muy cristianamente) a la exaltación del radiofonista Losantos, apenas proferí un quejumbroso maullido ante el hecho de que El Mundo diera la noticia de sus memorias barcelonesas en la sección de España. Si a ese libro le faltaran lectores (que no compradores) habría que preguntarse (y luego batear el argumento hasta el extrarradio) por qué El Mundo no incluyó el parte donde correspondía, esto es, en la sección de Cultura. El quejumbroso maullido, según voy leyéndome y descifrándome, quizás no fuera tan quejumbroso ni siquiera maullido. Volumen II. Dado que soy hombre de moderados rencores, ayer hojeé las páginas del diario con febril desaliento. No sabía exactamente qué buscaba, si un quijote, un cascote o un tiburón orgulloso y varado. Esta mañana, al fin, he hallado un yacimiento y, en su interior, el sentido profundo de la palabra Cultura. ¡Ah, la cultura! Estrella cristalizada a disposición del soldado civil y desarmado número 27.869.
Un yacimiento, sí, el mejor combustible literario.




Se llamaba Teresa y atendía conmigo la barra de Zeleste, en la calle Almogávares, allá por la quinta o sexta vida del local. La madrugada del 23 de abril de 1993, salimos de KGB camino de su casa, en la plaza Joanic. Mis amores más aciagos, justo es decirlo, jamás han vivido al nivel del mar. Es probable que, por esa misma razón, mi vida sea un desierto aguas arriba; acaso mi temperamento provenga de la forja decadente del salmón, del regate a contrapelo del oso pardo. Pero el 23 de abril de 1993 la noche se presentaba cuesta abajo. Y con el paso blando de quienes temen la súbita desintegración del pavimento, rodaba por la calle Alegre de Dalt. Recuerdo que, bajo el brazo, llevaba un tebeo del Corto Maltés, la majestuosa edición de Mu (en un solo volumen, ahogados en salazón, brillaban Conrad, Verne, Melville, Monterroso...).  "No quiero nada contigo." Bastaron unos días para que lo quisiera todo y un minuto para que restableciera la ley de la gravedad. En mi juventud practiqué judo y la suerte de la caída se me da incluso mejor que la del ascenso. Tiempo después, cuando tuvo a su pequeña Victoria, volví a verla. Atrás quedaban el piso de Joanic y otros refugios intempestivos. "Cuando deje la tele, me montaré una tienda: se llamará Las 3 Victorias: por mi hija, por la calle donde vivo y por que todo vaya bien." Recuerdo que me aturdió la posibilidad de triunfar tres veces. Sólo tres veces. De cuando en cuando, me dejo caer por la tienda y compro algo para Lola. O Lola se apropia de algo y Teresa, ennoblecida por el paso del tiempo, sonríe y mira para otro lado. "¿Y Victoria? ¿Bien?". "¿Cuál de ellas?", bromea. El pasado abril, catorce años después de leer y archivar a Pratt, rebosaba de alegría. Tampoco fue noticia que yo, de natural melancólico, estuviera atrapado en la nostalgia del futuro, en aquellos días en que la vida todavía andaba por delante.

-Si yo quisiera, De Paco, podría escribir versos más tristes.
-"Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos."
-"Mi alma no se contenta con haberla perdido."
-"Aunque éste sea el último dolor que ella me causa."
-"Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo."
-Me sorprende usted, vecino: mas créame, no pretendo entablar un duelo de lutos y desamores. El sufrimiento comparado es una necedad.
-Déme una razón para que lo sea.
-Digas lo que digas, siempre gana el viejo Quint.



-Y ahora, vecino...
-De Paco.
-Diga.
-Guarde algo para el futuro. O, si me apura, para la nostalgia del futuro.

viernes, 14 de diciembre de 2007

-Ayer no escribió, De Paco. Y lo había hecho todos los días desde el 11 de septiembre.
-Ayer cerré por inventario.
-¿Qué hay que inventariar en una playa Libre?
-Anote: arena, mar, chiringuito, banderas (roja, amarilla, verde, negra), peces...
-¿Dio con algo inesperado?
-Un náufrago.
-¿Problemas, amigo?
-Los habituales, nada que no pueda resolverse. Demos un paseo y le cuento.
-Hace una mañana estupenda... Por cierto, en el inventario faltan la barandilla y la invitada alicantina.
-¿Alguna otra observación?
-¿Puedo?
-Sí, puede.
-¿Qué tienen que ver la rumba y la playa? Siempre me lo he preguntado.



-Esto...
-Diga, De Paco.
-Ayer hubo récord de visitas.
-¿Cuántas?
-71.
-¡Déme un abrazo!
-Usted, vecino, también tiene algo que ver.
-¿Cómo "algo"?
-No me chulee que mato al personaje.
-Recibiría un aluvión de peticiones para resucitarme, le boicotearían el blog, una fan fatal le rebanaría el pescuezo...
-Lo retiro.
-Estupenda mañana.
-Lo reitero.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El diario El País se carcajea del italiano de Aznar. No he hallado un solo documento en que el mismo diario siquiera bromee respecto al inglés de Zapatero. 



El sectarismo, no obstante, acarrea esta clase de servidumbres. Sectarismo de baja estofa: se da la agravante de que, mientras que Aznar practica italiano en el recreo, el adolescente chapurrea inglés en horas de trabajo. Y ya diga "every day bonsái" o lo que sea que vislumbre en el jardín, esas prácticas CEAC comprometen a la ciudadanía. ¡Vaya usted a saber a lo que dice "yes" o "jazz"! Si a todo lo que venga del Parlament, si a todo lo que venga de Venezuela...
Dado que esto es una playa Libre y yo carezco de ataduras (también de salario, ciertamente), me voy a dar el lujo (íntimo e ínfimo) de carcajearme de El País.


No en vano, "como" debiera llevar tilde por ser adverbio de modo interrogativo, esto es, expresión equivalente a "de qué modo" o "de qué manera". Convendría aclarar, por otra parte, que la traductora no "explica" nada. Sencillamente, sirve en correcto italiano el vago chapoteo de Aznar. Explicar, lo que se dice explicar, es lo que, no sin cierta inmodestia, estoy haciendo yo ahora.
Una traductora explica como debiera haber hablado.
Un rumbero explica cómo debieran haberlo escrito.

martes, 11 de diciembre de 2007

Me convertí en lobo en pleno día, camino del Ampurdán. Me reinventé a mí mismo en el asiento trasero del coche para aplacar el llanto de Lola. Aún hoy, cuando despunta la luna…
“Papafrita era un lobo que, harto de los maltratos que le infligían sus padres, huyó de la lobera en que moraba. Sin otro asidero que su blando instinto, sobrevivió a la intemperie comiendo raíces y frutos. Sólo de cuando en cuando le traía el azar una oveja descarriada. La soledad hizo mella en Papafrita y su carácter, de natural apacible, se fue tornando hosco, desabrido. Cierto día, mientras intentaba dar caza a una perdiz, Papafrita rodó por un barranco y cayó en un inmenso zarzal. Magullado, entonó un trémulo y desesperado aullido de socorro. Una niña llamada Lola pasó cerca de allí y oyó el lamento de Papafrita. No sin cierto recelo, Lola auxilió a Papafrita y le arrancó las espinas con delicadeza. Entre ambos surgió una amistad férrea, duradera. Papafrita, lobo de mala entraña, conservó el aplomo y la entereza para seguir odiando al resto del mundo.”

Lobo soy, sí, yo mismo forjé mi biografía aquella tarde. Y tras esa identidad me oculto para juguetear con Lola. Hasta que Lola pone fin a la mascarada y exige que se haga la luz, que se haga la realidad.

La dejo entonces en las fauces del tiburón blanco. En brazos de este párrafo, por ejemplo:
"Los tiburones blancos capturan focas de un modo asombroso: nadan rápidamente desde abajo e incluso saltan fuera del agua para capturarlas. Vamos a utilizar un trozo de goma con forma de foca para atraer a un tiburón, así cuando ataque podremos estudiar su modo de alimentarse."
-Un momento, papi.
-Dime.
-¿Qué es eso del plástico? En la foto no está claro que sea plástico.
-Un engaño, hija. Dicen "plástico" porque creen que si dijeran "foca" tendrías pesadillas.
-¿Y cómo lo sabes?
-Lee lo que sigue:
-"Aunque nos puede dar pena que los tiburones se coman a las focas, de esta forma se mantiene equilibrada la cadena alimentaria en el océano. Si el número de focas fuera demasiado elevado, se comerían casi todos los peces."
-De todos modos, el libro me gusta mucho. Ahora, ¿me pones el vídeo?
-Es algo tarde.
-Porfa, porfa, porfa...



-¿Me lo pones otra vez?
-A dormir, hija.
-¡Jopeta!
-Felices sueños.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Ayer, a eso de las seis de la tarde, se fue la invitada alicantina. Hasta hoy no lo supo el anfitrión. Concretamente, hasta esta mañana a las 8.30.  A esa hora, y mientras se zambullía en el queso fundido, ha leído en el diario que los cristales de la Estación de Francia se habían desplomado. Es cierto que el domingo, a eso de las doce, los cristales de la estación ya se habían desplomado. Tanto como que su invitada alicantina se fijó en el nimio (¡bah!) detalle de que había un notable agujero en la techumbre. "¡Mira los cristales!", dijo. Y el anfitrión, en pleno bamboleo de cadera, fingió desaire y orgullo. ¡La estación de Francia! ¡Ah, si contara el anfitrión! Hoy, ceñido al ridículo y la regla de Pla (observación y pensamiento), leía en la prensa que el vendaval, que la estación, que los vidrios, que la vida.


El anfitrión, dejado de serlo, ha comido en el Resolís. Joaquín, a su lado, maldecía el mundo. "No hay clientes porque nadie trabaja. Antes, cuando el trabajo, tenía esto lleno. Una obra aquí, una allí, que si este taller, que si aquel otro. Ahora, neng, una mierda. Cuatro oficinas de mierda y cincuenta bares." Cuando Joaquín dice oficinas de mierda, en realidad, quiere decir diseñadores de mierda. Como ocurría con el buen Sandro, hay días en que sospecho que me lee. 


A mis diecisiete, cuando el único que organizaba fiestas en casa de sus padres era yo, el alcohol se nutría de intelecto y quietud y rabia. No en vano, contaba con una mercancía antológica que mi amigo R. sabía cortar a la perfección. Smiths, Ramones, Umberto Tozzi, La Polla Records, Francisco, Kortatu, Miguel Bosé, Rubén Blades... Ya por entonces, a R. y a mí nos caracterizaba la remota posibilidad de no ser un par de sectarios. En multitud de ocasiones, vimos despuntar el sol con rumbas y zambras y salsas y pogos. Sin grandes reparos y entre fervientes vehemencias, R. pensaba ya que el diseño era un valor moral. Por consiguiente, y para que la fiesta tuviera un vago horizonte, había que ejercer de DJ. Apostado en el silloncito negroide, R. hacía las veces de guardia civil con el criterio nobiliario de quien intuye que Sid Vicious no está reñido con Pat Boone. Luego, cuando se ponía blando, pinchaba a Bruce. Veinte años después, sigue pinchando. Creímos, je, que el tiempo nos condenaría a la guillotina; lo cierto es que internet ha convertido nuestro lugar (versus espacio) en una fiesta perpetua. Mi única ventaja es que, al día siguiente, no tengo que limpiar los discos de la ceniza y el polvo de R. Su única desventaja, ilusoria, es que ya no cuenta con mi pestañeo, con mi bamboleo de cadera. Me buscaba en la penumbra, me mostraba el cartón del LP y yo, aseverando de frío, cabeceaba orgulloso. Hay recuerdos que no toleran el contacto con el viento y tal vez no sea un día para andar por esas calles. Me alegro, no obstante, de que siga pinchando en mi casa. Se llame keli o playa Libre. Con ustedes, DJ. R. ¿Enero? Es verano y luce el sol en la costa catalana...



-Y usted, De Paco, ¿para qué escribe este blog?
-Soy un firme partidario de dar lo que tomo. 
-La simetría, sí, pero eso, ¿tiene traducción inteligible?
-Leer a Viejo Casale es la llana traducción.
-Ese hombre, Casale...
-Diga, diga.
-Escribe muy bien; bueno, bien y claro...
-Escupa.
-Hay días, De Paco, en que escribe como, no sé... como un poquito mejor que usted. Pero sólo un poquito, ¿eh? Bueno, en realidad no quería decir eso... No sé, De Paco, me ha salido así.
-Entonces esta playa ya merece la pena.
-¿Y la réplica a su amigo R.?
-Ahí va.




domingo, 9 de diciembre de 2007

9 de diciembre de 2007

Este mediodía, la playa Libre ha recibido a una invitada; alicantina, para más señas. El anfitrión, galantemente enchaquetado, ha jalonado sus comentarios turístico-luctuosos (aquí-yace-el-colegio-municipal; ah, ¡la-vieja-barbería-de-mi-abuelo!) con sendos remates de cadera. ¿Derechos históricos? ¡Bebamos entonces por la independencia de la playa Libre! Si del vaixell se obtiene el privilegio de ser un erial de analfabetos, qué no habrán de obtener los barcelonetenses de su bamboleo insufrible, cubanísimo. El anfitrión, consciente de que la chulería debe alternarse con unas gotas de cianuro sentimental, se ha apoyado en la barandilla de la playa Libre y ha dejado vagar la mirada cual si ésta fuera un perro gerundense. "Ya volverá en sí", se ha dicho. Y de este modo, confiado a su precaria identidad (y, sobre todo, a la realísima barandilla), ha naufragado en los ojos de la joven. No en vano, sólo ella ha visto, en ese preciso instante, cómo un huracán batía la arena e invertía el sentido del oleaje. El anfitrión ha fantaseado con la posibilidad de que Pla tuviera razón, esto es, de que sea más difícil observar que pensar. El problema, no obstante, es que el anfitrión, amo y señor de la playa Libre, ni siquiera pensaba. Le acechaban el miedo y el hambre y, muy razonablemente, ha buscado un restaurante donde aplacar el miedo. 

-¡De Paco!
-¡Vecino!
-Recibí sus cartas gallegas.
-Ya ve que pienso en usted.
-Sí, pero basta de literatura: usted tiene geranios pero yo no soy Biscúter. 
-Cierto.
-Y ahora, cuénteme de pe a pa eso de las olas y la inversión térmica o lo que sea que haya visto esa joven. 
-En el Resolís, si no le importa; el fútbol está a punto de comenzar.
-¡Va a importarme! No hay mejor lugar para asustar al miedo.
-Le quiero, vecino.
-Fatal, De Paco, fatal.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Tiempo de heroesmegos (V)

Los viernes por la tarde teníamos piscina. En el vestuario nos mirábamos unos a otros para ver quién tenía la polla peluda y quién no. Fonollosa casi no tenía polla. Tenía una especie de habichuela, una cosa muy rara. Escolá, en sexto, ya tenía pelos hasta en el sobaco. Los pelos en el sobaco salen después que los de la polla. Daniel Blanco también tenía pelos en la polla, pero no en el sobaco. Luego estaba lo de Carles Fornaguera, que tenía pelos por todas partes y tenían que darle unas pastillas que le frenaran el desarrollo. Cuando se decía de alguien que estaba muy desarrollado lo que se quería decir, básicamente, era que tenía la polla como el bosque de Sherwood. Escolá, que tenía una hermana que estudiaba biología, nos dijo que lo de Fornaguera era una aceleración del metabolismo. Escolá sabía cosas increíbles. Un día le explicó a la profe de historia de qué iba el marxismo. Mi polla era normal, ni muy grande ni muy pequeña, pero no tenía pelos. Por eso me desvestía y me vestía muy rápido. No tanto como el Fonollosa, claro, pero sí más rápido que los demás. Benito no tenía pelos en ninguna parte; ni en la polla ni en la lengua. Por eso cuando Escolá explicó lo del marxismo y todo eso de que no tenía que haber pobres ni ricos, Benito dijo que los marxistas eran todos unos hijos de puta y unos asesinos. “En España mataron a todos los curas”, dijo. “A todos no”, replicó Jordi Mases, “sólo a los de pueblo”. Y todos respiramos aliviados.
A quinientos metros del colegio, montaña arriba, estaba el centro fonoaudiológico, el fono. Trescientos sordomudos. Los que jugábamos a fútbol sala en la liga externa utilizábamos la pista del fono porque nuestro cole sólo tenía pista de baloncesto, así que conocíamos a algunos de esos sordomudos, como el Sandro o el Maquei. Lo que más acojonaba de esos tipos era su fuerza. Tenían la misma edad que nosotros pero una fuerza enorme porque, según el Ventura, tenían problemas para controlar sus impulsos. La verdad es que lo de aquellos chavales no era sólo un asunto de sordomudez. El retraso de algunos de ellos era de subnormal, de mongo. Yo creo que al centro había que ponerle un nombre y le pusieron fonoaudiológico pero allí había de todo: mongos, sordomudos y subnormales. Luego el Ventura nos dijo que había que tratarlos con cariño porque además de sordomudos eran chavales que no habían conocido el cariño. La verdad es que eran como monstruos. Cuando te cruzabas con uno, nunca sabías si te iba a dar un guantazo o te iba a dar una palmadita en la espalda o a robarte el bocadillo. La palmadita siempre era peor que el guantazo. Quizás el guantazo fuese en verdad una palmadita en la cara. Yo era muy amigo del Sandro, y nos dábamos un abrazo cada vez que nos veíamos. Le tenía mucho aprecio aunque sus abrazos me crujiesen la espalda. Lo de los mongos, en fin, era un tema complicado. El caso es que los días que teníamos partido, a los demás equipos los animaban las chicas de la clase, los padres o algunos alumnos. A nosotros nos animaban el Sandro y cinco subnormales más. Durante un tiempo, no supimos qué gritaban exactamente. Lo que estaba claro es que no era el nombre del equipo, que era el mismo que el nombre del colegio. El Juanan, que hacía de lateral y los tenía a todos bastante cerca, nos juró que gritaban “chocolate, chocolate”. Y el Juanan no tenía suficiente imaginación para decir cosas tan raras, así que no tuvimos más remedio que creerle. Cuando jugábamos en casa acostumbrábamos a ganar por goleada. Un día que no estuvieron ellos, perdimos 0-1 y fue una derrota muy triste porque si hubiéramos ganado habríamos sido campeones matemáticos a falta de quince jornadas para el fin del campeonato. Castells dijo entonces que habíamos perdido por los subnormales, porque los subnormales no habían venido a animarnos. Yo le dije que no, que éramos muy superiores a todos los rivales como para que los subnormales tuviesen algo que ver. Benito, por si acaso, se acercó una tarde al fono y les dijo: “El próximo día que juguemos, chocolate y chocolate. ¿Está claro?”. Cuando regresó al cole y nos lo contó, Castells le dijo: “Pero Beni, si son sordomudos, ¿cómo coño les has hablado?”. Y el Beni: “En español, no te jode, sólo que más fuerte”. Al partido siguiente, volvieron a la barandilla. Y el Beni siguió hablándoles así, en español fuerte, hasta que les perdió de vista, aquel sábado de 1983 en que nos proclamamos, nuevamente, campeones de la liga Montjuïc-Poble Sec-Zona Franca. Ese día sí fueron a vernos todos nuestros padres, los profes y un montón de gente del cole. La ocasión lo merecía, ya que llevábamos ganadas tres ligas consecutivas y la copa pasaba a pertenecernos, como en los mundiales. Bueno, la verdad es que la copa le pasaba a pertenecer al colegio. Para nosotros había medallas. Y entonces a mí se me ocurrió que se las podríamos dar a los subnormales. Un detallazo de verdadero campeón. Castells dijo que estaba de acuerdo. Y él mismo, que sabía hablar en público, lo anunció desde el centro de la pista: “Y estas medallas queremos que sean para estos subnormales que siempre nos han apoyado”. Yo le di mi medalla al Sandro y la verdad es que me emocioné. No por la medalla y los aplausos, sino por el abrazo, por ese abrazo que sabía que era el último que me crujiría la espalda.

Ver Tiempo de heroesmegos (I) (II) (III) (IV)

viernes, 7 de diciembre de 2007

Querido vecino:

Decía Shakespeare que la ciudad es su gente. Convengo con usted en que el dramaturgo dejó frases más cruciales (y, por supuesto, nimiedades de tanatorio como el to be, que jamás fue la cuestión ni puede serlo; incluso José Tomás ha anotado sentencias más inhóspitas). No querría desviarme un orujo. La conocí en la presentación de una de mis criaturas, no sé si Ebro/Orbe o Progresa adecuadamente o ambos a un tiempo. Sabrá, o debiera saberlo, que hubo un tiempo en que editaba libros a pares; uno edita, al cabo, como vive: jamás he despreciado la gloria exhibicionista del segundo regate en el córner. Por el momento, obviaré otras suertes que se me dan de par en par e incluso en número primo. Pero le había dejado, de forma un tanto descortés, en Casa Alfonso (¿O era en FNAC?). Salgamos, pues, a estirar las piernas: desde aquella tarde, se fraguó entre nosotros una amistad rebosante de manjares y licores. Al cabo, ella sólo camina por y para el placer y es justo que así sea. Lo intrigante, lo admito, es descubrir que alguien camine por y para el placer de los demás. Tal vez me tenga usted por el clásico hombretón carcomido por el orgullo. Algo de eso hay. La resistencia, no obstante, ha sido tan infructuosa como la que suelo oponer al amor e incluso a los anocheceres. De hecho, je, la que hoy debería levantar un gran dique contra mi temperamento almibarado ("patética blandura", dijo mi boswell), es ella. Sepa que, en cuanto sus defensas se desploman, me acerco y le describo las características fundamentales de la poesía sms, el kómo y el prke de la literatura amorosa gallega, esto es, de la literatura amorosa universal. Hoy, tras el cocido amorconado y garbancero, he pensado que sería de mal gusto, casi obsceno, pasar por alto ese mismo cocido, las cigalas del traidor y aun el estupendo macuto docker que esta mañana me ha regalado para envidia del todo Monforte. Más allá, queda otra gloria; una gloria, ni que decir tiene, jamás debidamente ponderada: la de la amiga que comparte a sus amigas. La de la amiga que tolera enamorados y, lejos de envidiarlos, los celebra manteándolos entre manjares y licores. Por la caída del régimen. Dame igual qué régimen.

Bébase, a mi estricta salud, el vino que tengo en casa. Dormite si quiere en mis sábanas pulcras. Mañana regreso a la ciudad. Envíele recuerdos a Casale, a Veva, a Tse, a Emilio, a R., a Verónica, a Bremaneur, a Jaime... Envíele recuerdos, claro, a su gente. Aquí, en tierra de Lemos, el futuro queda lejos.

Suyo, afectísimo
De Paco

jueves, 6 de diciembre de 2007

Querido vecino:

La descripción más atinada de mi persona, como sabe, la rajó en la piel del mundo un joven periodista. “Es fuerte y fue trotskista.” No se alarme por el abuso metafórico: la marca sanguínea es fruto de su querencia a la economía y a la verdad (valga la redundancia). Digamos que le basta desenvainar y, con la hoja ya afilada, batir el aire; al punto, sobrevienen las palabras y, casi por derecho, las ideas. Su principal mandamiento, sea dicho, es que las palabras no oculten a las ideas; "antes al contrario", se dice, "hay que procurar que las contengan". A diferencia de algunos de sus colegas, jamás ha sido el sátiro de la gabardina, sino un gran señor de negro. Hoy, mientras deambulábamos por un bosquecillo animado y mítico, he pretendido emular a Boswell para seguir tramando mi viejo proyecto. A nuestros pies se sucedían las castañas, el follaje, los helechos ardientes. Llegados a un claro, le he tendido una pregunta que, como siempre, tenía que ver con una antiquísima fricción. Lorenzo Gomis y Jaime Gil. “Les unía algo estético”, me ha respondido; “Manuel Machado. ¡El bueno de los Machado!, decían ambos”. Tras el inciso poético, hemos retomado nuestra charla en el punto en que siempre la abandonamos, esto es, en la posibilidad del amor y sus terminaciones nerviosas. Estos días, el amor es un advenimiento de marisco. La simetría, por él inculcada, está en el debe de mis ojos glaucos. Fue una de las personas que, de forma más gentil y corajuda, descifró mi polvoriento desenlace. “Visto lo visto en las últimas cenas, es lo mejor que puede hacer.” Comprenda, vecino, que era de obligado cumplimiento que ahora, ahora que mi cabeza bruñe de nuevo, no sea sino él quien me colme de bendiciones.
Por lo demás, no se alarme: el hecho de que José María Albert de Paco cuente más letras que fortaleza y trotskismo es un alarde de virtuosismo. Al igual que los buenos libros, las vidas plenas sólo merecen una línea. A saber quién ejerce de boswell y quién de johnson. Por el momento, me limito a la digna notaria de la actualidad: ha vencido a sus hijas al parchís y debo dejar constancia de ello.
Dé recuerdos a Joaquín y, en general, a la parroquia del Resolís.

Suyo, afectísimo
De Paco

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Querido vecino:

Llegué anoche y, ya ve, no he tardado ni un día en escribirle. Galicia es un país que se devora a sí mismo. El roscón de primera hora se ha entrelazado con los vinos blancos y las empanadas (servidas a modo de tapa gratuita y conspirativa). A la vuelta de la tercera taberna, nos aguardaba un grave pedazo de ternera cuasi lechal (fabuloso pretexto, por otro lado, para que el vino -ora tinto- siga forjando ese espíritu pletórico y socrático del que tanto hemos hablado). El orujo, salvoconducto indispensable al más allá, adultera definitivamente la percepción del mundo. Al caer el sol, en fin, uno se pregunta cómo es posible que todo un pueblo viva entregado a su propia extinción cardiovascular. Tras una breve meditación y tres flexiones, he llegado a la conclusión de que la niebla, pertinaz y melancólica, es el hilo argumental de la autarquía. Riégueme los geranios (sin olvidar, por supuesto, los de plástico: ¡si supiera cómo refulge el plástico gallego con apenas cuatro gotas de calabobo!).

Suyo, afectísimo
De Paco

martes, 4 de diciembre de 2007

A los trece años, mientras pasaba unos días en La Coruña, tuve la ocasión de presenciar un trofeo Teresa Herrera en compañía de mi tío, gallego transitorio por razones laborales. Por aquel entonces, Riazor era un apéndice del pabellón de hockey del Liceo, una de las dos entidades de que solía presumir la ciudadanía coruñesa. La otra era el Real Madrid. Ese año, dizque de gracia de 1983, el torneo lo disputaban el Real Madrid, el Athletic de Bilbao, el Dinamo de Kiev y el Peñarol de Montevideo. La invitación al Peñarol tenía que ver con el gozo, inexplicable, de que un equipo sudamericano corriera a puñetazos al adversario local. El mes de agosto, en su desmayo infartado, siempre fue proclive a la riña y las luciérnagas. ¿El Ramón de Carranza? Una taberna portuaria donde se sorteaban navajazos. ¿El Colombino? Una plazuela de estibadores de garfio fácil. El tiempo ha barrido las tanganas (e incluso los estadios). (En este punto del texto, el tópico obligaría a recrearse en la gelatina de los torneos galantes, el patrocinio global y la excursión asiática. Y el lugar común se cernería, abrasador, sobre David Beckam. Mas todo es mentira, todo es quimera. Beckam -no les quepa duda- habría empeñado sus tatuajes carcelarios por roerle los tobillos a cualquier uruguayo.)
El Athletic se llevó el Teresa Herrera de 1983 (entre un océano atlántico de banderas blancas). Tres meses antes, le había birlado la Liga al Real Madrid, cuya derrota en la última jornada (1 de mayo de 1983) le dejó a las puertas de la nada y salvó de la Segunda al Valencia de mi Viejo Casale. Aquella tarde, sentados en el gol norte de Mestalla, Benito y yo rompimos en llanto. Benito, porque su Madrid se hundió en la miseria. Yo, por Benito. 
Le prometí a Benito que en cuanto el Real Madrid se proclamase campeón del Teresa Herrera, le llamaría desde Riazor para contarle la victoria. Hasta reducirla a polvo, a una brizna de césped. Fue mi primera crónica: 
-Benito, lo siento, pero el Athletic os ha dejado otra vez en la cuneta.-Admito que me gusté al decir "en la cuneta".
-Hijos de puta.
-Han ganado bien, Beni.
-Y por Galicia ¿qué tal?
-Bien... Los gallegos son aficionados a la pirotecnia y leen un diario que se llama La Voz de Galicia. Te he comprado un ejemplar con una foto del Madrid.
-Mejor me traes pirotecnia.


-¿Y esos libros, De Paco?
-Salgo unos días.
-¿Adónde?
-A Australia todavía no, por desgracia.
-Australia...
-Le echaré de menos, vecino.
-Y yo, y yo... Australia... Me preocupa usted, De Paco.


lunes, 3 de diciembre de 2007

No he leído la última obra de Losantos, pero me aplicaré a ello de inmediato, en cuanto acabe los cien libros que tengo comenzados. Admito, no obstante, mi espeso e infundado prejuicio, esto es, la probable insinuación de que Barcelona, en los 70, contuviera el skyline del cosmopolitismo. ¡Los años 70! Serrín, cabezas de gamba, Bruce Lee, Ocaña. Y el émbolo hipnótico de la heroína. 


La derecha suele ensañarse con las madres de mayo y lo que queda de Argentina y la memoria del miedo. Letanía de espectros que deambulan en una misa negra y haitiana. Adalides de causas inasequibles a su cerrazón moral. Avalistas de ETA y demás guerras justas. Sabe Dios que soy partidario de la simetría y que, tal vez por ello mismo, no acierto a comprender por qué la derecha aparta la mirada de Alcaraz. Si de Losantos y su nomenclatura dependiera, ya sería Alcatraz.


Hoy, en la barra del Resolís, Joaquín me confiaba una honda metáfora. "Este bar es el Molino de Gracia." Imbuido del agitanado respeto a mis mayores, escucho atentamente.
-Aquí pones tres cámaras... ¡qué tres! Aquí pones cinco cámaras... una ahí, otra ahí, otra aquí, otra encima de la tele, otra en el rincón y otra en la puerta.
-Seis, Joaquín, eso te da seis.
-Pues seis, las que hagan falta.
-Sigue.
-Lo grabas todo durante un mes, luego lo montas y te queda un documental que te cagas. ¡De Oscar, vaya!
-No lo dudo. De todos modos, déjame que te diga algo: tu punto de vista es el del espectador, el del público privilegiado que asiste al teatrillo. Quizás veas más de lo que realmente ocurre.  
-¿Cómo el del espectador? ¿Por estar detrás de la barra? No, chaval, no; lo del cine no lo acabas de pillar. Precisamente por eso, por estar detrás de la barra, yo no soy el público sino el protagonista. En todo caso, el público eres tú.
-Joaquín...
-Dime.
-Gracias por lo de chaval.


-¡Aguarde, De Paco!
-Ayer me fui antes porque tenía un asunto que resolver.
-No, mire, si a mí su mala educación me da igual.
-Compréndame: a veces ocurre que uno, en fin...
-Le buscaba por otra cosa. 
-Dígame.
-Usted dejó de fumar hace ya...
-Hace sólo; hace sólo dos años. ¿Pretende dejarlo, vecino?
-¿Qué fue lo peor? ¿El café del desayuno, el vino blanco al atardecer?
-Olvídese del café. Lo peor fue Serrat. 
-Tarrés.
-Serrat.

domingo, 2 de diciembre de 2007

"Eta mata a sangre fría..." Hasta ahí llegan las aguas de la arqueología analógica, que reclama para sí el derecho a la literatura. Puesto que internet ha llegado mucho antes al escenario del crimen, no queda sino batirse con la sinonimia. Así, donde debiéramos leer "asesinar", leemos a Truman Capote; y asistimos, impávidos, a la posibilidad de que algunos crimenes de ETA no sean más que crímenes de sangre caliente. Pasionales, dícese.


La manifestación por la independencia deriva en una protesta por el caos de Renfe.


Hoy, en El País, Francesc Arroyo se recrea en el vídeo de Ciutadans. El descrédito de ciertos artefactos se logra, en ocasiones, con su mera exposición. No hay patetismo que salga airoso de un escaparate y un foco. Arroyo, no obstante, se arremanga y hunde la pluma hasta la bola. La sobreactuación resulta sudorosa, casi oleaginosa. Lean, si no, su concienzudo chiste: "El mensaje es claro: el sexo está por encima de la política. ¿Un lema tomado en préstamo de Cicciolina?". Ironiza el humorista respecto a la hipótesis de que el sexo esté por encima de la política. Como si no fuera cierto.
Otrosí: los monigotes podrían ser calcos de nintendo, pero el referente más certero es la serie televisiva Érase una vez la vida. Hay más, hay más. El sintagma "La revolución naranja", que Arroyo entrecomilla poniéndolo en boca de Ciutadans, no aparece en el vídeo de los de Rivera, cuya única revolución pendiente es, exactamente, la "ciudadana".
Solo ante el guardameta. Y el guardameta atado al poste. Y ni así.


El negacionismo no es delito siempre y cuando se trate de un negacionismo teórico, enmarcado en un contexto académico y pretendidamente científico y, por tanto, sin ánimo de...

-Basta, De Paco.
-¿También usted se pregunta lo mismo?
-El negacionismo práctico.
-Exacto.
-¿En qué consistiría el negacionismo práctico de las cámaras de gas?
-Al salir, cierre la puerta. 

sábado, 1 de diciembre de 2007

La legítima ocasión de gol que supone manifestarse contra España escenifica el boato nacionalista hasta sus mismos adentros. Encabeza la protesta un millar de prohombres de la antigua corona de Aragón. A rebufo, el resto de..., los vagones de segunda, tercera y cuarta. Entre los intelectuales-escoltistas que sostienen la pancarta, figura el mandamás de cierta República Futbolística. Tampoco falta a la cita el dúo filocómico compuesto por Toni Albà y Joel Joan. Ambos comparten sudor y lágrimas con la jurista Núria Feliu y el cupletista López Tena, quien susurrra a voz en cuello la palabra "colonial" (insinuando, así, la existencia de una metrópoli llamada España cuyos ciudadanos, a diferencia de los habitantes de la colonia Cataluña, lo son de pleno derecho). La consigna más coreada, como no podía ser de otro modo, es Independència. Que canten los niños, que alcen la voz: In, In-de, In-de-pen-dèn-ci-a. Al desmayo del dígrafo "ci", sigue la pujanza musculada de la "a". El gentío guarda parangón con los jubilados que se apostan frente a cualquier obra pública. Acaso el nacionalismo no tenga más corpus teórico que el del mirón desocupado, el del hombre sin atributos que chasquea aborrecido a pie de obra y, de cuando en cuando, corrige sobre plano al arquitecto: "Visca els Països Catalans lliures!".


-Le veo enojado, De Paco.
-Lo cierto, vecino, es que no lo estoy.
-¿?
-... Y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.
-Los muertos.
-Concretamente, éste.