jueves, 3 de enero de 2008

Tiempo de heroesmegos (VIII)

El día que instalaron porterías de fútbol en el patio, pensamos que al fin tendríamos nuestro campo de fútbol sala. Que al fin se daban cuenta de que no podíamos seguir jugando a fútbol entre cuatro árboles. Luego, en clase de gimnasia, el señor Gea nos dijo que, en adelante, practicaríamos el balonmano. Y Castells, harto de todo, harto del baloncesto, de Viader, de Gea, del balonmano, del voleibol y harto de todo, harto de Corbalán y el torneo de Navidad, harto de Epi y de Sibilio, harto de que el fútbol no existiese, se puso a llorar de rabia. Laura le fue a consolar y entonces me puse a llorar yo, pero por dentro.

Los martes había guerra de piedras contra los gitanos. Al lado del colegio, había un campamento gitano del que nos separaba una valla. Y los martes nos pegábamos a la valla y nos poníamos de acuerdo. Nuestro capitán era Álex López y el capitán de los gitanos el Chocolate, un gitano sucio y guapo. Eran amigos desde que el Chocolate se instaló allí con su familia. Álex vivía cerca del campamento, tan cerca que desde su casa oía cómo zurraban al Chocolate. Casi siempre acordábamos la guerra a eso de las dos, después de comer. Después de comer nosotros, claro, los gitanos no tenían hora. Los días que Llarch aparecía en nuestro equipo, los gitanos huían como ratas. No era para menos. Llarch les había abierto la cabeza a todos los niños del campamento. A todos. Al único que no tocaba, por orden de Álex López, era al Chocolate. Lo que no le dijo Álex López era que las chozas tampoco se podían tocar. Un día Llarch tiró contra una choza e hirió a un señor, un hombre ya mayor. Era el abuelo del Chocolate, sucio como su nieto pero no tan guapo. La que se armó fue chica. El Chocolate y su banda tiraron con todo y contra todo. Álex no los pudo frenar. El Chocolate tiró contra los vidrios del comedor, contra los vidrios de la casa del conserje, contra los vidrios del viejo pabe. A las cinco de la tarde, cuando nos íbamos a casa, parecía que andábamos sobre una montaña de petazetas. La jodida puntería de Llarch. Esa noche, los gitanos robaron las barandas del patio cubierto, las porterías de balonmano, las papeleras del patio de los enanos, los grifos de los lavabos del comedor… Escolá nos dijo que lo hacían por venganza, sí, pero también por tradición, porque los gitanos se dedicaban a vender metales.
Robaron todo el metal que vieron. Todo menos las putas canastas de baloncesto.

Ver Tiempo de heroesmegos (I) (II) (III) (IV) (V) (VI) (VII)

3 comentarios:

Emilio Corbacho dijo...

Que manía la de algunos centros educativos en prohibir el fútbol. Supongo, que basicamente lo harían para salvaguardar los cristales de las ventantas, pero en vuestro caso y con esa afición tan maja de apedrearos con los gitanos, no les sirvió de mucho.

Mercutio dijo...

2006-2007. Palabra clave: Tamudo.

2007-2008. Palabra clave: heroesmegos.

Birra dijo...

Amigo mio, mire que eran brutos. Calculo que debía ser por una de dos, o bien por que no tenían la Educación a la ciudadanía o bien porque recibían una educación machista y en vez de jugar con muñequitas, se dedicaban a guerrear con el vecino.

Claro que en mi caso, sin ni uno ni lo otro, pero con una educación de posguerra, lo mejor que podía llevarme era una mano de hostias por parte de progenitores o educadores que nos quitaban las ganas de tonterías.

En otro orden, espero que lo de ayer quedara sólo en un susto.

E.