Tiempo de heroesmegos (X)
El fútbol. Los partidos duraban de 1 a 3, las dos horas de patio que teníamos después de comer. Se jugaban, ya digo, muchos partidos. Había ocho cursos y dos clases por curso. Alrededor de ciento cincuenta niños que, salvando a los maricones, a los subnormales y a David Farré, no hacían otra cosa que jugar al fútbol. Y campos, lo que se dice campos, no había ninguno.
Un día, mientras andábamos por el viejo pabellón camino de la revisión médica, el gran Tuto dijo que olía raro. Castells dijo que sí, que tenía razón. Todos empezamos a olisquear como perros. Entonces Tuto nos hizo callar:
-¡Huele a coño!
Tuto era repetidor y, al parecer, había olido algún que otro coño. Castells le dijo que tenía razón, que a lo que olía era a coño. Y Álex López, que sí, que sí, que a coño. Y Carlos Salvadó, que a coño. Y Farré, cómo no, que a coño. El pabellón, definitivamente, olía a coño.
Farré decía que a las tías les metían el dedo para ver si seguían siendo vírgenes. Que por eso olía a coño en el viejo pabellón.
En sexto, la revisión médica de las tías no se hizo en el viejo pabellón, sino en un cuarto al lado de las cocinas. No había más que saltar la valla de alambre del foso y asomarse a una ventana. La idea fue de Farré. Yo no llegué a saltar la valla del foso. Me quedé colgando de un pincho por el dedo y ahí estuve hasta que llegaron dos profes y el conserje. Para liberarme tuvieron que cortar con unas tenazas de medio metro el anillo de mi comunión, un sello cojonudo de oro macizo. Hice la comunión en la catedral de Barcelona. Fue un día feliz. Comimos en el Montseny con un montón de familiares y, después de comer, yo me fui con mi abuelo al coche, a escuchar el carrusel deportivo. El Huelva ganó 5-3 al Athletic de Bilbao. Con el tiempo, me enteré de que era el único de la clase que había hecho la comunión. A las tías no las cuento. De lo del anillo no me quedó ninguna cicatriz. En el momento en que el conserje cortó el anillo, había unos ochenta chavales mirando. Eso me dijo Farré, yo estaba de espaldas a la afición y sólo oía la voz de Castells: “Tranquilo, Jose, no te preocupes que todo saldrá bien”. Hasta ese momento no me había preocupado.
En sexto, la revisión médica de las tías no se hizo en el viejo pabellón, sino en un cuarto al lado de las cocinas. No había más que saltar la valla de alambre del foso y asomarse a una ventana. La idea fue de Farré. Yo no llegué a saltar la valla del foso. Me quedé colgando de un pincho por el dedo y ahí estuve hasta que llegaron dos profes y el conserje. Para liberarme tuvieron que cortar con unas tenazas de medio metro el anillo de mi comunión, un sello cojonudo de oro macizo. Hice la comunión en la catedral de Barcelona. Fue un día feliz. Comimos en el Montseny con un montón de familiares y, después de comer, yo me fui con mi abuelo al coche, a escuchar el carrusel deportivo. El Huelva ganó 5-3 al Athletic de Bilbao. Con el tiempo, me enteré de que era el único de la clase que había hecho la comunión. A las tías no las cuento. De lo del anillo no me quedó ninguna cicatriz. En el momento en que el conserje cortó el anillo, había unos ochenta chavales mirando. Eso me dijo Farré, yo estaba de espaldas a la afición y sólo oía la voz de Castells: “Tranquilo, Jose, no te preocupes que todo saldrá bien”. Hasta ese momento no me había preocupado.

10 comentarios:
¿Qué fué el único de su clase en hacer la Comunión? jolín, en mi clase éramos cuarenta niñas y allí hizo la Comunión hasta el gato. Déjeme, déjeme que le cuente, De Paco, mi Primera Comunión, acabé tan harta que ya no he hecho ninguna Primera Comunión más.
Como le iba diciendo en aquellos tiempos del tardofranquismo hacía la Comunión todo dios y la organizaba el propio colegio. Nos tuvieron todo el curso aprendiendo el Catecismo con la terrible amenaza de no poder hacerla si no memorizábamos cosas tan útiles e inteligibles para unas niñas de siete años como que los enemigos del hombre son tres: el mundo, el demonio y la carne.
En el colegio me pusieron la cabeza como un bombo con la dichosa Comunión, de manera que yo me hice la idea de que aquello sería una celebración similar a la de la coronación de la Reina de Saba.
Mi primera decepción me la lleve al saber que mi vestido no sería de princesita, el colegio decidió (con buen criterio) que todas las niñas fuéramos vestidas igual y nos confeccionaron unas túnicas y unas tocas blancas y sencillas. Después ví una muñeca de comunión en un escaparate y le pedí a mi madre una, mi madre me miró con cara de: "sí, hija, no tengo otra faena". Yo no podía comprender que la comida se iba a hacer en casa (la economía no daba pa más) y que mi madre tenía que guisar para veinte.
Vinieron abuelos y tíos del pueblo y amigos de mis padres, me besuquearon sin cesar (a mí de pequeña me daba asco) y mi abuela se pusó bastante pesada conmigo y yo empecé a ponerme de mal humor.
Me regalaron bastantes cosas de oro que yo aprecié bien poco, lo único que me hizo gracia, un reloj, se lo quedó mi madre. Ni que decir tiene que nadie me regaló una muñeca, jolín!, lo único que había pedido.
A la hora de comer no cabíamos todos en el comedor y a los críos nos improvisaron una mesa en otro cuarto y allí que me mandaron, a MI, a la Reina de Saba, más cabreo.
Después de comer me eché a llorar sin conseguir que mi madre me hiciera ni puto caso, oí una voz piadosa que decía: "sí, anda, llévatela", y un chico, que a mí me pareció muy mayor pero que no tendría más de 14 años, armado con una cámara fotográfica, me sacó a la calle. Hago un inciso para explicar que acabábamos de comprar un piso en una zona suburbial, pero que muy suburbial, de Barcelona. Era un bloque construido en medio de un ladero en la montaña, sin asfaltar, un paisaje lunar.
El resultado de la sesión fotográfica fueron unas fotos descuadradas, en las que se ve a una niña con trenzas, que mira a la cámara con ojos llorosos y expresión hosca, disfrazada de monjita, sobre un pedregal, delante de un edificio en construcción o con el fondo de una persiana oxidada de un local en alquiler. Unas fotos muy raritas que están en un cajón en casa de mis padres.
In crescendo, de Paco. Magistral.
Yo tomé la comunión con el ojo morado. El día anterior tuvimos guerra de piedras con los del barrio de l'amistat (no es coña). Un pedrolo me dio en todo el ojo. Otro mío le reventó el cabolo a un rival. Por la tarde, ya en casa, me entraron los remordimientos. Se lo dije a mi madre, apátrida y atea sin querer, y me recomendó que fuera a confesarme. Le hice caso. Pero como me había confesado esa misma mañana fui a la parroquia de al lado. La primera en la frente. Al preguntarme el cura cuando lo había hecho por primera vez me dio vergüenza decir la verdad y solté la primera: "Hace dos semanas". Hubo más mentiras claro. No sé porqué pero era un nano muy mentiroso. Lo cierto es que al salir de la iglesia comprendí que había añadido nuevos pecados al original. No pegué ojo en toda la noche.
A la mañana siguiente, y con el ojo a la virulé, cometí una nueva tropelía: desayunarme a escondidas un pastel de manzana. Por lo del ayuno forzoso.
Cuando todo hubo pasado hicimos un convite la mar de chulo. Fue la última vez que mi tía pudo bailar. Pajaritos por aquí, pajaritos por allá. Cuando le tocó el turno a mi hermano ya iba en silla de ruedas. Creo que mi comunión fue su último gran día feliz. Sólo por eso, balió la pena.
Gran historia la de la pelea y una pena lo del sello.
Yo si hice la comunión. Y la confirmación también, aunque esto fuese mas por consenso que otra cosa. Por cierto, hace dos semanas bautizamos a la peque y el párroco nos dijo que a partir de ahora, para ser padrino en un bautizo será necesario estar confirmado y el que no lo esté, deberá hacer un cursillo de cinco días para recibir el beneplácito de la iglesia. Eso si, no se si es a nivel nacional o solo aquí en Ibiza ya que por lo visto, el problema viene en que por ejemplo en el pueblo al que pertenezco, se ha pasado en pocos años de hacer 70 confirmaciones entre la muchachada local a no hacer ninguna y en la iglesia en la que yo me confirmé, en el centro de la ciudad de Ibiza, el año pasado se confirmaron solo 7 de los cerca de 400 niñ@s que lo hicieron en años anteriores. Sres, la iglesia no vende y tal vez, debieran hacérselo mirar un poquito.
Amos ya. ¿Solo usted hizo la primera comunión? ¿Eso era un colegio o una tenida masónica?
¡ondias! He puesto valió la pena con b. ¡quina vergonya!
Por cierto, en Valencia decimos "fill de puta" con total impunidad. Ya veo que no somos iguales. Otro motivo que imposibilita els paissos. "(je, je)
Ese salvando a "los maricones, los subnormales y Farré" es una frase memorable.
Pues yo no me acuerdo para nada ni de mi primera comunión ni de la confirmación. Bueno de la confirmación un poco si, será porque no me ha gustado nunca que me den una hostia. Vagos recuerdos por un par de fotos predemocráticas.
E.
coño, de paco, si que es joven! Me lo confirma eso de que fue el único en hacer la comunión. Coincido con el resto en que ese colegio era una sucursal judeomasónica, o es más joven de lo que aparenta.
En cuanto a lo de que cuando a uno no le gusta el futbol es maricón, coincido en parte, creo que hay que añadir otra condición: que además le guste el teatro... Es infalible. Por lo menos en mi adolescencia y juventud, no gustándome el fútbol, ese es el argumento que me salvaba de toda sospecha... o eso creo.
Jaime
Jaime,
¿Es una pregunta o una afirmación?
:-)
E.
Mi querido birra: precisamente lo digo porque no me gusta el teatro... ;-)
Publicar un comentario en la entrada