domingo, 4 de mayo de 2008

Tiempo de heroesmegos (XXI)

Los veranos los pasábamos en Marbella. Por las tardes paseábamos por Puerto Banús, que era un paseo con yates y joyas. Mi madre reconocía a gente de las revistas; a Lola Flores, a Lolita Flores, a Antonio Flores y a Rosario Flores. Yo tenía bastante con un crep de chocolate. Me vestían con una camisa ibicenca y unos zuecos, y llevaba un collar de cuero negro con un diente de tiburón. Un día me fotografié con un mono; al día siguiente, con un cachorro de león y otro de tigre. Hoy todo es delito. Íbamos al cine de San Pedro de Alcántara. Cine Mena, se llamaba. Las películas las daban en inglés pero a mí me importaba poco porque yo tenía bastante con un crep de chocolate y el cielo de Andalucía. Voy a contar algo de lo que no estoy muy orgulloso: un día me dio por apuntar los títulos de las películas que veía. El furor del dragón, Operación dragón, Kárate a muerte en Bangkok, Furia oriental, Kungfú contra los siete vampiros de oro… Llegué a tener más de doscientas. Bueno, pues el caso es que empecé a apuntar películas que no había visto para que la lista fuera más y más larga. Me costó mucho escribir la primera película falsa, que se llamaba La noche de los cien pájaros. Luego todo fue más sencillo. Hasta que se me fue la mano y copié la cartelera de Barcelona. Con el tiempo le di menos importancia a la mentira porque en la facultad había mucha gente que hacía lo mismo que yo pero con la revista Dirigido por. Antes de ver la película se leían el Dirigido y al salir del cine decían lo que había escrito el crítico. Una película tramposa, decían. Los que no leían el Dirigido decían buena fotografía y se quedaban tan anchos. Luego ese lenguaje se trasladó al fútbol. Un día leí una semblanza de Roberto Carlos en que el periodista decía que su juego era tramposo; y que sus subidas por la banda eran pura demagogia. Al poco, en el bar del barrio chino donde iba a ver el fútbol todas las almas gentiles decían lo mismo que el cronista. Cualquier palabrita era buena a cambio de no pensar. Bueno, pues los veranos los pasábamos en Marbella y nunca he sido tan feliz como cuando salí a pescar con el actor Sancho Gracia, que estaba en el mismo hotel que yo. De vuelta, los pescadores que nos llevaron mar adentro nos dieron unas pescadillas y unos rapes diminutos y un puñado de camarones del tamaño de una uña y un tiburón enano que en realidad se llamaba pez gato. Hoy todo es delito. Yo creo que Sancho Gracia me llevó con él de pesca porque era la única persona de por allí que no le llamaba Curro. El último día jugamos a Curro Jiménez en los jardines de aquel hotel, el gran hotel Santa Marta. Al final le dije que parara, le dije que la pelea final a navaja siempre me había dado miedo y que con las navajas me pasaba lo mismo que con los tiburones. Se sonrió y me invitó a una coca cola. Él se tomó un pelotazo, que también llevaba coca cola. Con tanta coca cola me acordé de Farré. Sancho se fue por la tarde. Yo le llevé el equipaje hasta la puerta. Me voy a Málaga, me dijo, y de ahí a Madrid. ¿Tú has estado en Madrid? Sí, bueno, he estado en Barajas, en un restaurante chino y en el Bernabéu. Sancho me atusó el cabello, me dijo pero qué jodido eres y se fue. Mi madre le dio un par de besos y jamás volvió a pasear por Puerto Banús.



(A María de Paco, que no me eligió)



3 comentarios:

o.trillas dijo...

El de hoy vuelve a ser el gran De Paco. Lo que no le haya pasado a usted...

Emilio dijo...

La de cosas que se hacian hace apenas un par de décadas y que ahora nos llevarían a pagar una multa o a pasar un ratito agradable en comisaria.

Aquí en Ibiza tuve la oportunidad,(iba a decir la suerte pero casi mejor no), de acudir a un concierto de Antonio Flores que en paz descanse. El concierto fue en la discoteca Privilege, antiguamente el KU, y las entradas,(bien caras), las pagó mi hoy mujer y por entonces novia como regalo de nosequé. Cuando llegamos, vimos muchísimo menos ambiente del esperado. Tras una hora de retraso y viendo que el público no aumentaba, Antonio Flores por fin salió al escenario. Tras seis o siete canciones, se excusó alegando una afonia provocada por una actuación del día anterior y dió por finalizado el concierto.

Como era de esperar, aquello acabó como el rosario de la Aurora y mi mujer y yo abandonamos la discoteca con la sensación de haber sido timados en toda regla. Bueno, mas ella que yo, que para eso pagó las entradas.

Anónimo dijo...

¿Quien es María de Paco? Su madre, ¿no? O sí. Como que no le eligió, no lo entiendo. Yo llegué a este blog por casualidad, y me gusta, pero me pierdo, no entiendo a veces. Y la canción, ¿por que? En el fondo no sé sí quiero entenderlo, porque el blog me gusta.
Ratón.